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jueves, 8 de septiembre de 2016

Invitación 4: "Cuestión de saludar"

  Hace un tiempo me comenzó a llamar la atención de forma bastante inquietante que en el condominio al que me había mudado hace unos meses, la gente no se saludara. Me resultó chocante, ya que yo solía saludar en el lugar en donde había vivido con anterioridad, en cambio aquí, varias veces me habían dejado con “el hola”… No obstante, y a pesar de que seguí con mi costumbre de saludar, me comencé a cuestionar y a sentir nervioso, puesto que me avergonzaba de sobre manera que la gente pasara como si nada ante mi saludo y que ni siquiera se molestaran en mirar. Así que ante ese escenario, y ante la incomodidad que me despertaba esa situación, dejé de saludar y me puse el desafío de esperar encontrarme con alguien que me saludara. Éstas fueron las conclusiones del reto anterior: Primero, debió pasar mucho tiempo hasta que alguien me saludó por su propia motivación. Segundo, si lo llevará a una cuestión de números de un universo del 100% de personas con las que me encontré,  el 1 o 2% saludó… Sinceramente no sé a qué se deba este fenómeno, pero a raíz de esto me surgieron las siguientes interrogantes: ¿será que la gente que habitaba este condominio era mal educada? ¿Era gente sin valores? ¿Será, en realidad, una cuestión cultural? ¿Seremos los chilenos personas tímidas o simplemente somos desconfiados? Me fui de ese lugar sin poder responder a ninguna de esas preguntas, pero la última semana que estuve en mi departamento, realicé un experimento social, puse un letrero con un hola en una de mis ventanas, la cual daba de frente a tres departamentos que estaban en el otro costado. El letrero era lo suficientemente claro para que se viera y la idea que había detrás de él era esperar a que  alguien devolvía ese hola.

   En resumen, pasó la semana; quité el letrero unas horas antes de irme del departamento y de la ciudad, nadie respondió. Ustedes ¿qué piensan sobre esto?

domingo, 17 de julio de 2016

Es igual ¿y punto?

  Las pocas veces que tengo la posibilidad de sentarme unos momentos a pensar, porque aquí pareciese estar el gran problema de todos. No hay o no tenemos  tiempo  para pensar  en nosotros y menos en las personas que nos rodean, porque pareciera que la tarea de pensar es la obligación de los filósofos, de los investigadores, de los científicos, de los matemáticos, de los escritores o incluso de un loco que quiere complicarse un poco más la existencia, pero qué ocurre con la gente común y corriente, así como lo soy yo. Será que nos movemos en nuestro día a día en una continua repetición de actividades que de a poco y sin ser conscientes de ello, nos van automatizando, al punto que llegamos a encontrar la calle por la que caminamos todos los días igual, y que mentira, vacío y vulgaridad hay en esa expresión: <<es igual>>, porque nunca jamás nada permanece igual, esa calle se renueva todos los días, uno se renueva todos los días, todo es distinto cada día, el viento, el sol, los árboles, yo y mi estado de ánimo, los autos, la gente que por allí transita, la humedad del suelo, los pensamientos que lleves en la cabeza, el ritmo de los pasos, la energía con que das las pisadas, la prisa que llevas, el cruzar la mirada con alguien que nunca has visto, todo es distinto y si nunca lo has pensado es porque indudablemente has dejado, y esa es tú responsabilidad, el piloto automático encendido… Vicente Huidobro, poeta chileno dice: “el vigor verdadero reside en la cabeza” y sin lugar a dudas habla desde la verdad.
   Si sueles decir que el tiempo vale oro, yo te pregunto: ¿entonces por qué no eres rico? ¿Cuánto tiempo te tomas para meditar sobre tus acciones? Solemos trabajar  o estudiar aproximadamente entre 6-8 horas, dormimos 8 horas que es lo recomendable, en comer (considerando el desayuno, almuerzo, tentempié a media tarde y cena), serán otras 4 horas más… si sumas considerando las cifras más altas nos quedarían con suerte 4 horas del día libres, a lo que yo pregunto: ¿cuánto tiempo dedicas a las personas que quieres; a tu familia, a tus hijos, a tus padres, hermanos; cuánto dedicas para pensar en ti, en lo que te pasa, en lo que sientes; cuánto dedicas para conversar con alguien, para visitar a un amigo o para ser solidario; cuánto dedicas para hacer las cosas que realmente te gustan? Si no podemos contestar o si nunca te lo has preguntado, te invito a que lo hagas y por lo menos ser consciente de ello es el primer paso para que tomemos las riendas de nuestros días, para que inventemos una formula  y sintamos intensamente. La mía es escribir y la tuya ¿cuál es?
  Para finalizar estas palabras, diré que en algún momento nos daremos cuenta que lo realmente valioso en la vida es el tiempo; cómo lo usemos será nuestro karma.  

sábado, 7 de mayo de 2016

La vida privada de las piedras

Es sumamente curioso que decida hablar sobre esto, pero hoy tras hacer el recorrido de todos los días rumbo a mi trabajo sucedió algo distinto: tropecé, una piedra sobresalía por una vereda sin pavimentar,  solo por suerte no fui a terminar de bruces en el piso. No obstante igual que Newton y la manzana que le cae en la cabeza, la cual le dio la clave para formular su teoría sobre la gravedad, me vinieron una serie de pensamientos y llegué a la no descabellada idea  o tal vez sí; de que todas las personas y me incluyo, tenemos algo en común con las piedras.
Si tuviera que definir qué es una piedra, me alejaría de su explicación más científica y me inclinaría por su utilidad, al hacerlo así; nos daríamos cuenta que su uso ha ido evolucionando como nosotros. Los primeros hombres le forjaron filo y la usaron en sus lanzas y arcaicas navajas. Se construyeron caminos con ellas y se levantaron fuertes, ciudades y grandes monumentos. David venció a Golead con un certero golpe de una piedra en la cabeza y  en la Edad Media principalmente, se lanzaron grandes piedras con catapultas para derribar murallas y tomar por asalto castillos enemigos. Hay piedras preciosas que desencadenaron la ambición en los hombres y hay otras que la única ambición que despertaron fue la del viento y el agua que las esculpieron y volvieron  arena o polvo. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con nosotros?  Y la verdad es que no mucho, sin embargo me quiero centrar solo en la mudez de una piedra, y en el silencio estamos todos contenidos; porque hoy estamos experimentando una sociedad que se niega a relacionarse con el otro y la gran mayoría de las personas crea sus propias corazas o murallas para alejar a la gente y se encierra en un mundo propio e individual. De alguna manera no queremos que nos conozcan y ojo con esto;  no digo que no hablemos una palabra, no digo que no demos un saludo o incluso una corta conversación… hacia donde estoy apuntando es a la disposición a entablar un diálogo que es distinto a conversar  y en desmedro de esto, estamos pegados como moscas a una pantalla de celular o de computadora, porque es más fácil enviarnos un mensaje de texto que mirarnos a los ojos.
Queremos ser duros, queremos vencer a todos y cada quien vela por sus propios intereses, estamos navegando en una sociedad individualista, una sociedad que no tiene tiempo para nada más que no sea para producir, donde lo que importa son los resultados, la productividad y el dinero. Señores y señoras somos capitalistas y no tan felices como quisiéramos; somos un montón de piedras que están levantando un mundo donde de a poco nos olvidamos de la solidaridad, de los valores, donde los ricos se hacen más ricos y donde nosotros no queremos que nos conozcan porque tenemos miedo a que en el intento de conocernos nos rompan, porque de alguna manera si nos conocen también sabrán nuestras debilidades y ante este dilema; elegimos olvidar ese humanismo que tanto bien nos puede hacer y caracterizarnos por la indiferencia.
Hoy no quiero ser esa piedra con la que me tropecé, como explique al  principio de este texto, aunque espero que mucha gente tropiece conmigo, dejaré atrás esa coraza de durezas que me ancla al piso y romperé la piedra que soy para que nazca un pájaro,  que al desnudarse como persona, quedará tan liviano que podrá volar por todos los  cielos:
 Soy un humilde profesor que lleva en las manos la filosofía de la creatividad, me he mudado hace poco a un departamento alejado de la bulla, tengo pocos muebles y un par de pericos,  los cuales  todavía no me dan su confianza y los entiendo, ya que son tan indefensos que su única forma de protección es desconfiar y en ese punto no soy tan distinto a ellos… Algunos conocidos me han dicho que me ha ido bien y que he tenido suerte, pero la verdad es que yo no lo veo así; siento que tengo tanto que hacer y tan poco tiempo. Como aspirante a escritor me siento un fracaso y como estudioso de la literatura un envidioso por el triunfo de todos esos escritores. Soy de dos amigos a los cuales quiero mucho, pero que por circunstancias desfavorables casi ni nos vemos.  Odio revisar pruebas pero amo enseñar y físicamente hablando aspiro a ser el prototipo que me vendieron desde pequeño, pero siendo realista tendré que conformarme con el sobrenombre que me pusieron algunos estudiantes:  “el profe fachon” (jajajaja,  pudo ser peor). 
 En fin, soy una persona de convicciones, creatividad, manías y secretos, me gusta ser un punto suspensivo y el enigma que encierran en ellos… muchas gracias por leer todo esto y esperaré tu comentario.